sábado, 11 de mayo de 2019

¡Cuántas preguntas  y respuestas  podemos captar en pocos minutos?

En un espacio de tiempo de apenas unos minutos o menos, y si abrimos los sentidos es posible que oigamos sonidos, voces,preguntas,  respuestas y una interminable sucesión de pequeños detalles que la mayoría de la veces pasan desapercibidos, por ejemplo escuchamos la voz monótona del profesor que dice: Si usted quiere ser periodista tiene que saber leer, escribir y hablar. Según mi estimado profesor dice que este pensamiento es del Maestro Simón Rodríguez, y viene a mi mente otro pensamiento del insigne Simón:

 " Enseñen los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mande hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la costumbre como los estúpidos".

A propósito decía otro profesor, es que no sabemos preguntar, simplemente sabemos responder a los que nos preguntan, es decir no hacemos las preguntas correctas y por eso nos quedamos con las dudas, entonces de eso se trata: saber preguntar, hacer las preguntas generadoras nos dará respuestas claras y precisas para no seguir en el limbo de la duda, despertando nuestro intelecto para acciones grandiosas dentro de lo pequeño y cotidiano.

¿Por qué existimos?, ¿Para qué sirve un jefe?... Si vuestro hijo os hace este tipo de preguntas entre bocado y bocado, que no cunda el pánico: tenéis sentado a la mesa a un filósofo en potencia. Aprovechad la oportunidad para contribuir a su desarrollo.
Todos los niños pueden filosofar... ¡y los padres también! Hacia los 4 o 5 años, los niños nos bombardean con preguntas. Las hay interesantes, divertidas, inquietantes... La vida, la muerte, el amor, la justicia... ¡no hay tema que se les resista!
Así que padres,madres, y toda persona que tenga un niño a su cuidado, tengamos en mente que este pequeño puede dejarnos sin respuestas  a sus preguntas, A veces, sus preguntas parecen estrambóticas pero, si lo escuchamos, descubrimos con sorpresa todo lo que bulle en su cabecita. A menudo, basta con responder con otra pregunta para que el niño precise mejor lo que está pensando: "Al decir esto, ¿a qué te refieres?", "¿Qué significa esa palabra?".
Podemos pedirle que ponga ejemplos para aclarar su idea: "¿Y eso a qué te recuerda?", "¿Te ha pasado alguna vez?". El silencio no tiene por qué ser una mala señal: el flujo del pensamiento no se expresa sólo mediante la palabra, sino también a través de los gestos y la mímica del niño, que indican que está reflexionando, que escucha, que no está de acuerdo... Pistas muy valiosas cuando se trata de niños muy pequeños o poco habladores.

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